Opinión | La trampa de la buena madre

La investigadora del Núcleo Milenio para la Ciencia de Datos Sociales (SODAS), Nicole Gardella, reflexiona sobre las exigencias desiguales de la crianza en una columna publicada el 28 de octubre en La Segunda.

A propósito del Día Internacional de los Cuidados y el Apoyo, que se conmemora cada 29 de octubre, Nicole Gardella, investigadora de SODAS y de la Escuela de Gobierno de la Universidad Adolfo Ibáñez, analiza por qué la crianza sigue recayendo sobre todo en las mujeres, pese a que los padres participan cada vez más.

La autora parte de una investigación de Campillai et al. (2026), presentada en la UAI. El estudio muestra que los propios niños y niñas esperan más tiempo de calidad de sus madres que de sus padres. Gardella advierte que este resultado no debe leerse como una capacidad innata de las mujeres para cuidar, sino como una habilidad aprendida y acumulada históricamente. También cuestiona el modelo de “maternidad intensiva”, que evalúa a las madres según cuánto se sacrifican, aunque más exigencia no siempre signifique más bienestar infantil. Como resume la autora, “en nombre del bienestar infantil sobresaturamos la vida de las mujeres”.

Para Gardella, la corresponsabilidad no consiste solo en sumar participantes a la crianza. También implica revisar qué se espera de cada persona y cómo cada una contribuye realmente al bienestar de niños y niñas.